La violencia perpetúa
Han pasado ya casi diez años después de la resolución emitida
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en donde se condenaba al
Estado mexicano por su falta de respuesta en la férrea violencia cometida en
contra de las mujeres en Ciudad Juárez, me refiero al caso Gonzales y otras (“Campo
Algodonero”) Vs México.
En el caso “Campo Algodonero” se responsabilizaba a
México por su omisión en las constantes violaciones y desapariciones forzadas perpetuadas
en contra de jóvenes juarenses que posteriormente eran halladas muertas en un
campo algodonero;
La responsabilidad por omisión del Estado mexicano
derivada de su nula respuesta ante la brutalidad creciente en contra de las
mujeres en Ciudad Juárez, asimismo, ante el incumplimiento de la obligación de
investigar en los casos de desaparición, así también ante la falta de información
y orientación a las familias de las víctimas, la falta de políticas públicas de
protección y prevención, a pesar, de la obviedad de la ola de violencia en
contra de las mujeres. El estado con su silencio violentó los derechos de las
victimas al acceso a la justicia y a la protección judicial establecidos no
solo en el derecho mexicano sino en el internacional.
A pesar, de esta sanción internacional y de que el
caso quedase en la memoria de todos los mexicanos, a pesar de que ya pasaron
diez años cuando México se comprometió a dar seguridad y protección jurídica a
las mujeres, lo cierto es que la violencia no ha cesado, y la incapacidad de
nuestro país es más que evidente. La discriminación hacia las mujeres en México
es una práctica que se minimiza y se normaliza todos los días.
A las mujeres en México no se nos garantiza el derecho
a la vida, a la libertad, a la integridad personal ni al acceso a la justicia;
las mujeres seguimos siendo asesinadas, violadas, torturadas, seguimos siendo víctimas
perpetuas de tratos crueles e inhumanos.
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